El Castillo
El Castillo K se enteró por Olga de que la visita le había concernido a él, había sido un ayudante que le buscaba por encargo de Frieda. Olga había querido protegerle del ayudante; si más tarde quería reconocer ante Frieda su visita, podía hacer lo que quisiera, pero no podía ser descubierto por los ayudantes; K lo aprobó. No obstante, rechazó la oferta de Olga de quedarse a dormir allí y esperar a Barnabás; por él quizá habría aceptado, pues ya era muy tarde y le parecía que, lo quisiera o no, estaba unido de tal manera a esa familia que un alojamiento allí, por otros motivos quizá desagradable, sin embargo, respecto a ese vínculo, sería lo más natural en todo el pueblo, pero rechazó la oferta, la visita del ayudante le había asustado, le resultaba incomprensible cómo Frieda, que conocía su voluntad, y los ayudantes, que habían aprendido a temerle, habían vuelto a unirse de tal manera que Frieda no dudaba en mandarle a uno de ellos, por lo demás a uno solo, mientras el otro se quedaba con ella. Preguntó a Olga si tenía un látigo, pero no tenía, aunque sí una buena vara de mimbre, que K tomó; a continuación, preguntó si había otra salida de la casa; había otra por el patio, pero luego había que trepar por la verja del jardín del vecino y atravesar ese jardín hasta llegar a la calle. Eso es lo que K quiso hacer. Mientras Olga le acompañaba a través del patio hasta la verja, K intentó tranquilizarla lo más rápidamente posible, explicándole que no se había enojado con ella debido a sus ardides en el relato de lo acontecido, sino que lo comprendía muy bien, le agradeció la confianza que había depositado en él y que había demostrado con sus palabras y le encargó que enviase a Barnabás a la escuela en cuanto llegase, aunque fuese por la noche. Aunque los mensajes de Barnabás no constituían su única esperanza, en ese caso su futuro se vería negro, tampoco quería renunciar a ellos, quería atenerse a ellos y no olvidar a Olga, pues para él Olga era aún más importante que los mensajes: su valor, su prudencia, su astucia, su sacrificio por la familia. Si tuviese que elegir entre ella y Amalia, no le costaría reflexionar mucho. Y le estrechó efusivamente la mano, mientras se disponía a trepar por la verja del jardín vecino.