El Castillo
El Castillo —¿Artur? —preguntó JeremÃas—. ¿El niño mimado? Ha abandonado el servicio. Fuiste demasiado duro con nosotros. Su alma delicada no lo ha soportado. Ha regresado al castillo y va a poner una denuncia contra ti.
¿Y tú? —preguntó K.
—Yo he podido permanecer aquÃ, Artur también pone la denuncia en mi nombre.
¿De qué os quejáis? —preguntó K.
—De que no entiendes ninguna broma —dijo JeremÃas—. ¿Qué hemos hecho? Hacer unas cuantas bromas, reÃrnos un poco, importunar algo a tu novia. Todo, por lo demás, según lo que nos encargaron. Cuando Galater nos envió a ti…
¿Galater? —preguntó K.
—SÃ, Galater —dijo JeremÃas—, entonces representaba a Mamm. Cuando nos envió a ti, dijo —lo recuerdo muy bien pues a eso apelamos— que nosotros Ãbamos como los ayudantes del agrimensor. Nosotros dijimos: no entendemos nada de ese trabajo. Él respondió: eso no es lo más importante; si es necesario, él os instruirá al respecto. Pero lo más importante es que le entretengáis un poco. Me han informado de que todo se lo toma muy a pecho. Acaba de llegar al pueblo y ya le parece un gran acontecimiento, pero en realidad no significa nada. Eso es lo que le tenéis que transmitir.
—Bien —dijo K—, ¿ha tenido razón Galater y habéis cumplido su encargo?