El Castillo
El Castillo —¿Asà lo crees? —dijo el ayudante, y se frotó los cansados ojos mientras bostezaba—. PodrÃa explicarte todo el asunto de una forma más detallada, pero no tengo tiempo, tengo que ir a ver a Frieda, la niña me espera, aún no se ha puesto a trabajar, el posadero, convencido por mis palabras —ella querÃa concentrarse en seguida en el trabajo, probablemente para olvidar— le ha dado un periodo para que se recupere y al menos ese tiempo queremos pasarlo juntos. En lo que respecta a tu proposición, ciertamente no tengo ningún motivo para mentirte, pero tampoco para confiarte algo. Mi caso es diferente al tuyo. Mientras estaba en relación de servicio contigo, para mà eras, naturalmente, una persona muy importante, no por tus atributos, sino a causa del encargo oficial, y lo habrÃa hecho todo por ti, lo que hubieses querido, pero ahora me resultas indiferente. Tampoco el que rompas la vara me afecta algo, sólo me recuerda al señor tan brutal que he tenido y que no ha sabido ganarse mi favor.
—Hablas conmigo —dijo K— con la seguridad de que ya no vas a tener ningún motivo para temerme. Pero en realidad no es asÃ. Es probable que aún no te hayas liberado por completo de mÃ, aquà no se resuelven estos asuntos con tanta celeridad.
—A veces aún más rápido —objetó JeremÃas.