El Castillo
El Castillo —A veces —dijo K—, nada indica que eso haya ocurrido esta vez, al menos ni tú ni yo disponemos por ahora de una cancelación por escrito. El procedimiento se ha puesto en marcha y yo aún no he intervenido con mis conexiones, aunque lo haré. Si la solución fuese desfavorable para ti, aún no habrás hecho lo suficiente para ganarte el favor de tu señor, quizá me haya precipitado al romper la vara. Y a Frieda, es cierto, te la has llevado para ti, de lo que puedes presumir todo lo que quieras, pero con todo el respeto por tu persona, y aunque tú no tengas ninguno conmigo, unas palabras mÃas a Frieda bastarÃan para destruir las mentiras con que la has embaucado. Y sólo mentiras podrÃan apartar a Frieda de mÃ.
—Tus amenazas no me asustan —dijo JeremÃas—. Tú no quieres tenerme como ayudante, todo lo contrario, me temes como ayudante, temes a los ayudantes en sà mismos, sólo por miedo golpeaste al bueno de Artur.
—Tal vez —dijo K—, ¿le ha hecho por ello menos daño? Es posible que te muestre con más frecuencia mi miedo de esa misma manera. Ya veo que ä ti eso de ayudar no te procura muchas alegrÃas, asà que obligarte a cumplir con tu deber me divertirá mucho más, prescindiendo de todo el miedo. Y además ahora me las arreglaré para sólo tomarte a ti a mi servicio, sin Artur, asà podré prestarte más atención.