El Castillo
El Castillo —Eso no pude hacerlo —dijo Barnabás—, me he esforzado mucho, pero fue imposible; me abrà camino, permanecà allà todo el dÃa sin que nadie me requiriese, tan cerca del pupitre que incluso un escribiente a quien le quitaba la luz me empujó hacia un lado; me anuncié, lo que está prohibido, con la mano levantada cuando Klamm miró hacia arriba, fui el que más tiempo permaneció en la oficina, me quedé allà solo con el sirviente cuando tuve una vez más la oportunidad de ver a Klamm, pero no vino por mi causa, sólo querÃa comprobar rápidamente algo en un libro y se fue al instante, finalmente el sirviente me expulsó, casi con la escoba, pues aún no tenÃa la intención de moverme de allÃ. Te confieso todo esto para que no te muestres insatisfecho de mi rendimiento.
¿De qué me sirve toda tu diligencia, Barnabás —dijo K—, si no conduce a ningún éxito?