El Castillo
El Castillo De repente JeremÃas salió corriendo. Barnabás, que por su agitación apenas le habÃa prestado atención, preguntó:
¿Qué quiere JeremÃas?
—Anticiparse a mà para ver a Erlanger —dijo K, que salió corriendo detrás de JeremÃas, le alcanzó y le sostuvo por el brazo, diciendo:
¿Es el anhelo de ver a Frieda lo que ha causado esa despedida tan repentina? Yo no lo siento menos, asà que iremos al mismo paso.
Ante la oscura posada de los señores se encontraba un pequeño grupo de hombres, dos o tres tenÃan linternas de mano, de tal forma que se podÃan reconocer algunos rostros. K sólo encontró a un conocido, a Gerstäcker, el cochero. Gerstäcker le saludó con la pregunta:
—¿Aún estás en el pueblo?
—Sà —dijo K—, he venido para quedarme.
—A mà me da igual —dijo Gerstäcker, tosió con fuerza y se volvió hacia los demás.