El Castillo
El Castillo —He sido readmitida en la taberna —dijo lentamente, como si careciese de importancia lo que pudiese decir, pero condujese a una conversación con K y eso fuese lo más importante—. Este trabajo no es para mÃ, lo puede hacer cualquiera; cualquiera que sepa poner una cara amable o hacer la cama y que no tema las molestias causadas por los huéspedes, sino que ella misma dé pie a ellas, puede ser una criada. Pero en la taberna, eso es muy distinto. Acabo de ser readmitida en la taberna, aunque la abandoné de una forma no muy honrosa; tengo que reconocer, sin embargo, que he tenido protección. Pero el posadero está contento de que tenga protección y asà le fuese posible readmitirme. Incluso sucedió que tuvo que animarme para que aceptara el puesto; si piensas en los recuerdos que me trae la taberna, lo comprenderás. Finalmente, he aceptado el puesto. Aquà sólo estoy como ayudante, Pepi ha pedido que no la avergüencen teniendo que abandonar en seguida la taberna; por esa razón, y porque ha trabajado con diligencia y ha cumplido con su deber en los lÃmites de su capacidad, le hemos concedido un plazo de veinticuatro horas.
—Todo eso está muy bien dispuesto —dijo K—, ahora bien, tú abandonaste una vez la taberna por mi causa, ¿y ahora que estamos a punto de casarnos regresas a ella?
—No habrá ninguna boda —dijo Frieda.
—¿Porque te he sido infiel? —preguntó K.