El Castillo

El Castillo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—De éste no —dijo K—, pero sí de otro muy diferente, Frieda. De éste ya no hay nada más que decir. Tú conoces el motivo de por qué debo ir. No me resulta fácil, pero tengo que superarlo. No deberías ponérmelo más difícil de lo que es. Hoy había pensado ir un instante y preguntar si Barnabás, quien tenía que haberme traído un mensaje importante desde hacía tiempo, por fin había llegado. No había llegado aún, pero tenía que venir muy pronto, como se me aseguró y también era creíble. No quería que viniese a la escuela para que no te molestase con su presencia. Pero las horas pasaron y, por desgracia, no vino. Sin embargo, vino otro a quien odio. No tenía ganas de dejarme espiar, así que salí por el jardín vecino, pero tampoco quería esconderme de él, sino que salí libremente a la calle y me dirigí hacia él, con una flexible vara de mimbre, como tengo que confesar. Eso es todo, sobre ello ya no hay nada más que decir, pero sí sobre otra cosa muy diferente. ¿Qué ocurre con los ayudantes, cuya mención me resulta tan repugnante como a ti la de esa familia? Compara tu relación con ellos y mi comportamiento con esa familia. Comprendo tu aversión contra esa familia y puedo compartirla. Sólo voy a su casa por mi asunto, a veces casi me parece que cometo una injusticia con ellos, que los utilizo. Lo contrario ocurre contigo y con los ayudantes. No has negado que te persiguen y has reconocido que sientes cierta atracción por ellos. No me enojé contigo por ese motivo, he comprendido que ahí había fuerzas en juego que te superan, estaba feliz de que al menos te defendieras y sólo porque te he dejado unas horas, confiando en tu fidelidad, y también con la esperanza de que la casa estaba irremisiblemente cerrada y los ayudantes se habían dado definitivamente a la fuga —me temo que los sigo subestimando—, sólo porque te dejé unas horas y ese Jeremías —por cierto, un tipo envejecido y enfermizo— ha osado asomarse a la ventana, sólo por eso tengo que perderte, Frieda, y oír como saludo: «No habrá ninguna boda». A mí sería a quien le correspondería hacerte reproches y, sin embargo, no los hago, sigo sin hacerlos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker