El Castillo
El Castillo —A pesar de todo eso que me cuentas —dijo K— no lamento haber expulsado a los ayudantes de su trabajo. Si la relación era como tú la describes, esto es, tu fidelidad sólo se hallaba condicionada por el vÃnculo laboral de los ayudantes, entonces está bien que todo haya finalizado. La felicidad del matrimonio en medio de dos depredadores que sólo se humillan bajo el látigo no hubiese sido mucha. Entonces le quedo agradecido a esa familia que ha contribuido su parte en separarnos.
Se callaron y comenzaron a caminar otra vez uno al lado del otro sin que fuese posible distinguir quién habÃa dado el primer paso. Frieda, cercana a K, parecÃa enojada porque él no la volvió a tomar del brazo.