El Castillo
El Castillo —Entonces ¿no quiere venir, señor agrimensor? —preguntó JeremÃas, pero fue apartado finalmente por Frieda, quien ni siquiera se volvió más hacia K. Abajo se veÃa una puerta pequeña, aún más pequeña que la del corredor: no sólo JeremÃas, también Frieda tenÃa que inclinarse para entrar, en el interior parecÃa haber claridad y una temperatura agradable, aún se escucharon algunos susurros, probablemente palabras cariñosas para que JeremÃas se acostara, luego cerraron la puerta.