El Castillo
El Castillo —Soy su secretario —dijo el señor—, me llamo Bürgel".
—Disculpe —dijo K, y puso la mano en el picaporte—, me he equivocado de puerta, en realidad estoy citado en la habitación del secretario Erlanger.
—¡QuĂ© lástima! —dijo BĂĽrgel—. No que haya sido citado en otra parte, sino que se haya equivocado de puerta. Una vez despertado, ya no puedo dormirme. Bueno, eso no tiene por quĂ© preocuparle, es mi desgracia personal. ÂżPor quĂ© no se podrán cerrar aquĂ las puertas con llave? Cierto, tiene su motivo: porque, segĂşn el dicho, las puertas de los secretarios siempre deben estar abiertas. Pero tampoco se deberĂa tomar tan a la letra.
BĂĽrgel mirĂł a K con alegrĂa y un gesto interrogativo; al contrario de lo que expresaban sus quejas, parecĂa muy descansado, desde luego no estaba tan cansado como K en ese momento.