El Castillo
El Castillo —Son las cuatro, tendrá que despertar a la persona con quien quiere hablar, no todos están acostumbrados como yo a que perturben su sueño, no todos lo aceptarán con tanta paciencia, los secretarios forman un cuerpo muy nervioso. Quédese, por tanto, un rato. A las cinco comienzan aquà a levantarse, entonces podrá cumplir de la mejor manera con su citación. Deje entonces de una vez el picaporte y siéntese donde pueda, el espacio aquà es estrecho, lo mejor será que se siente aquÃ, en el borde de la cama. ¿Se asombra de que no tenga ni mesa ni sillas? Bueno, tuve la elección, o una habitación completamente amueblada con una estrecha cama de hotel o esta gran cama con sólo el lavabo. Elegà la cama grande: en un dormitorio la cama es lo principal. ¡Ay!, para quien pueda estirarse bien y sea un buen dormilón, esta cama tiene que ser espléndida. Pero también a mÃ, que siempre estoy cansado y sin poder dormir, me hace bien, en ella paso la mayor parte del dÃa, aquà despacho la correspondencia y tomo declaración a las partes. Me va bien. Aunque las partes no tienen sitio para sentarse, lo soportan, para ellos resulta más agradable si permanecen de pie y el secretario se siente a gusto, que permanecer cómodamente sentados y que les miren con mala cara. Asà que sólo puedo ofrecer este sitio en el borde de la cama; no obstante, éste no es un sitio oficial y sólo está reservado para las conversaciones nocturnas. Pero usted está demasiado callado, señor agrimensor.