El Castillo
El Castillo —No, no —volvió a reÃr Bürgel—, no puedo dormirme simplemente porque me inviten a ello, sólo en el curso de la conversación se puede dar la ocasión, lo que mejor me duerme es una conversación. SÃ, los nervios padecen con nuestro trabajo. Yo, por ejemplo, soy secretario de enlace. ¿No sabe lo que es? Bueno, yo represento el enlace más fuerte —aquà se frotó las manos con alegrÃa espontánea— entre Friedrich y el pueblo, formo el enlace entre sus secretarios del castillo y los del pueblo, la mayor parte del tiempo la paso en el pueblo, pero no siempre, en cualquier momento tengo que estar preparado para subir al castillo, ahà ve mi maletÃn, una vida agitada, no todos están hechos para ella. Por otra parte, es cierto que ya no puedo prescindir de este tipo de trabajo, cualquier otro trabajo me parece insÃpido. ¿Ocurre lo mismo con su trabajo de agrimensor?
—Ahora mismo no realizo ese trabajo, no me ocupo en labores de agrimensor —dijo K; no prestaba mucha atención a lo que se estaba diciendo, en realidad ardÃa en deseos de que Bürgel se durmiera, pero también eso lo hacÃa por un cierto sentido del deber, en el fondo creÃa saber que aún transcurrirÃa tiempo antes de quedarse dormido.
—Eso es asombroso —dijo Bürgel con un vivo gesto de la cabeza y sacó un cuaderno de debajo de la manta para anotar algo—. Usted es agrimensor y no realiza ningún trabajo de agrimensura.