El Castillo
El Castillo K escuchó el timbre de la voz y casi pasó por alto la pregunta: «¿Qué quieres?»
Hubiese querido colgar el auricular. De esa conversación ya no esperaba nada más. Sólo forzándose preguntó rápidamente:
—¿Cuándo puede ir mi señor al castillo?
—Nunca —fue la respuesta.
—Bien —dijo K, y colgó el auricular.