El Castillo
El Castillo —¿Debo comunicar entonces a la dirección —dijo Barnabás— que entre ella y tú establezca otra conexión además de la mÃa?
—No, no —dijo K—, de ningún modo, menciono este asunto sólo de pasada, esta vez he tenido suerte y he logrado alcanzarte.
—¿Quieres que regresemos a la posada —dijo Barnabás— para que me puedas dar allà el nuevo mensaje?
Ya habÃa dado un paso en dirección a la posada.
—Barnabás —dijo K—, no es necesario, te acompañaré un poco.
—¿Por qué no quieres ir a la posada? —preguntó Barnabás.
—La gente me molesta allà —dijo K—. Ya has visto la impertinencia de los campesinos.
—Podemos ir a tu habitación —dijo Barnabás.
—Es la habitación de las criadas —dijo K—, sucia y mal ventilada, para no quedarme allà querÃa acompañarte un poco, sólo tienes que dejar —añadió K para superar definitivamente sus dudas— que me apoye en ti, tú caminas con más seguridad.
Y K se cogió de su brazo. HabÃa una profunda oscuridad, no veÃa su rostro, su figura era imprecisa, ya con anterioridad habÃa intentado Palpar su brazo.