El Castillo
El Castillo —Le creo perfectamente —dijo K— y tampoco menosprecio la importancia del reglamento: he debido de expresarme con imprecisión. Sólo quiero llamarle la atención sobre algo, en el castillo tengo valiosas conexiones y las tendré aún más valiosas, las cuales le aseguran contra todo peligro que pudiese ocasionar mi estancia aquà y le garantizo que estoy en condiciones de agradecerle con creces un pequeño favor.
—Lo sé —dijo el posadero, y repitió una vez más—: Eso lo sé.
Ahora K tendrÃa que haber expresado su deseo con más intensidad, pero precisamente esa respuesta del posadero le confundió, por eso se limitó a preguntar:
—¿Pernoctan hoy aquà muchos señores del castillo?
—En ese aspecto ésta es una noche ventajosa —dijo el posadero tentador en cierta manera—, sólo se queda un señor.
K no podÃa seguir insistiendo, pero tenÃa la esperanza de que lo admitiesen, asà que preguntó por el nombre del huésped.