El Castillo
El Castillo Ésa fue, como se demostró en seguida, una indicación inadecuada, era como si hubiese despertado a Frieda de una agradable ensoñación, ella sacó de su cartera de piel, que colgaba de su cinturón, un trozo de madera y tapó con él el agujero en la pared, a continuación, y para ocultar su cambio de humor, le dijo visiblemente forzada:
—En lo que a usted concierne, lo sé todo, usted es el agrimensor.
Después de una pausa añadió:
Ahora tengo que trabajar.
Y ocupó su puesto detrás del mostrador, mientras entre la gente se levantaba de vez en cuando alguno para que ella le llenase la jarra vacía. K quería volver a hablar con ella de forma discreta, así que tomó una jarra vacía de un estante y se aproximó a ella.