El Castillo
El Castillo —Sà —dijo Frieda.
—¿Puedo permanecer aqu�
—Salga con Olga para que me deshaga de la gente. Después de un rato puede volver.
—Bien —dijo K, y esperó impaciente a Olga.
Pero los campesinos no la dejaban, habÃan inventado un baile cuya protagonista era Olga; danzaban a su alrededor en corro y al lanzar un grito común salÃa uno del corro, aferraba la cadera de Olga con una mano y la remolineaba; el corro giraba cada vez más deprisa, los gritos, como resuellos hambrientos, se tornaron paulatinamente en uno solo; Olga, que al principio habÃa querido romper el corro sonriente, se tambaleaba de mano en mano con el pelo suelto.
—Ésa es la gentuza que me envÃan —dijo Frieda, y se mordió con ira sus finos labios.
—¿Quiénes son? —preguntó K.