El Castillo
El Castillo Entonces comprobaron que iba en serio; con un miedo incomprensible para K comenzaron a aglomerarse en la parte trasera, con el golpe del primero se abrió una puerta, el aire nocturno penetró en la habitación, y todos desaparecieron con Frieda, que al parecer los llevó por el patio hasta el establo. Pero en el silencio repentino que invadió la sala, K oyó pasos en el pasillo. Para protegerse saltó detrás del mostrador, era el único lugar donde podía esconderse; aunque no le estaba prohibido permanecer en esa zona, quería pernoctar allí, así que debía evitar que le vieran. Cuando la puerta se abrió, se deslizó en el interior. Que le descubriesen allí no dejaba de ser peligroso, en todo caso la excusa de que se había escondido allí de la furia de los campesinos no era inverosímil. Era el posadero.
—¡Frieda! —gritó, y se paseó varias veces por la habitación. Afortunadamente, Frieda regresó pronto y no mencionó a K, sólo se quejó de los campesinos y se dirigió al mostrador con la intención de encontrar a K, allí pudo K rozar su pie y a partir de ese momento se sintió seguro. Como Frieda no mencionó a K, al cabo tuvo que hacerlo el posadero.
—Y ¿dónde está el agrimensor? —preguntó.