El Castillo
El Castillo —Es como madre dice: Klamm no quiere saber nada más de mÃ. Pero, ciertamente, no porque llegaras tú, querido, nada parecido podrÃa haberle conmocionado. Creo que fue obra suya que nos encontrásemos bajo el mostrador, esa hora fue bendecida y no maldita.
—Si es asà —dijo K lentamente, pues las palabras de Frieda habÃan sido dulces y él habÃa cerrado los ojos unos segundos para dejarse invadir por esas palabras—, si es asÃ, aún hay menos motivos para temer una entrevista con Klamm.