El Castillo
El Castillo —Gracias —dijo K—, ésas son palabras sinceras y las creo. Tan insegura es entonces mi posición y, por tanto, la de Frieda.
—¡No! —gritó la posadera furiosa—. La posición de Frieda no tiene a ese respecto nada que ver con la suya. Frieda pertenece a mi casa y nadie tiene el derecho de llamar insegura su posición aquÃ.
—Bueno, bueno —dijo K—, también le doy la razón en eso, especialmente porque Frieda, por motivos desconocidos, parece tenerle demasiado miedo para injerirse. Sigamos tratando provisionalmente sólo mi caso. Mi posición es extremadamente insegura, eso no lo niega, sino que más bien se esfuerza en demostrarlo. Como ocurre con todo lo que dice, esto es en su mayor parte cierto, pero no del todo. AsÃ, sé de un buen alojamiento que estarÃa dispuesto para mÃ.
—¿Dónde? ¿Dónde? —exclamaron Frieda y la posadera tan simultáneamente y con tanta codicia como si tuviesen los mismos motivos para sus preguntas.
—En casa de Barnabás —dijo K.