El Castillo

El Castillo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No te enojes —dijo Frieda—, tienes que comprender correctamente nuestra excitación. Si se quiere, en realidad debemos nuestro encuentro a Barnabás. Cuando te vi por primera vez en el mostrador —entraste del brazo de Olga— ya sabía algo sobre ti, pero en general me eras por completo indiferente. Pero no sólo tú me eras indiferente, casi todo, casi todo me era indiferente. Estaba insatisfecha con muchas cosas y algo me producía enojo, pero ¿qué clase de insatisfacción y de enojo? Por ejemplo, uno de los huéspedes me molestó en el mostrador —siempre estaban detrás de mí, ya viste a aquellos tipos, pero venían más enojosos, el servicio de Klamm no era de lo peor—, así pues, uno de ellos me molestó, ¿qué significaba eso para mí? Para mí era como si hubiese ocurrido hace muchos años o como si no me hubiese ocurrido a mí o como si hubiese escuchado cómo lo contaban o como si ya lo hubiese olvidado. Pero no lo puedo describir, ni siquiera me lo puedo imaginar más, tanto han cambiado las cosas desde que he abandonado a Klamm.

Y Frieda interrumpió su relato, inclinó con tristeza la cabeza y mantuvo las manos dobladas sobre el regazo.




👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker