El Castillo
El Castillo —Ve usted —exclamó la posadera, y lo hizo como si no hablase ella misma sino que prestase su voz a Frieda, luego se acercó más y se sentó al lado de ella—, se da cuenta ahora, señor agrimensor, de cuáles han sido las consecuencias de su comportamiento; y también sus ayudantes, con los que no puedo hablar, pueden aprender de esta situación. Usted ha arrancado a Frieda del estado de máxima felicidad que se le podÃa dar y le ha sido posible porque Frieda, con su exagerada e infantil compasión, no pudo soportar que entrase colgado del brazo de Olga y que pareciese entregado a la familia de Barnabás. Le ha salvado y al hacerlo se ha sacrificado. Y ahora que ya ha ocurrido y que Frieda ha cambiado todo lo que tenÃa por la felicidad de sentarse sobre sus rodillas, ahora viene usted y presenta como su gran triunfo que una vez tuvo la posibilidad de poder pernoctar en la casa de Barnabás. Con eso quiere demostrar que usted es independiente de mÃ. Cierto, si realmente hubiese pernoctado en casa de Barnabás, serÃa tan independiente de mà que tendrÃa que abandonar mi casa al instante y de la forma más rápida.