El Proceso
El Proceso Josef volvió a llamar el tío y, a continuación, le preguntó a la joven:
¿Es el corazón?
Creo que sí dijo ella, había tenido tiempo para avanzar con la vela y abrir la puerta de la habitación. En una de las esquinas, aún no iluminada, se elevó de la cama un rostro con una larga barba.
Leni, ¿quién viene? preguntó el abogado, que, deslumbrado por la luz de la vela, aún no había podido reconocer a los visitantes.
Soy Albert, tu viejo amigo dijo el tío.
¡Ah!, Albert dijo el abogado, y se dejó caer sobre la almohada, como si esa visita no necesitase ninguna atención especial.
¿Tan mal estás? preguntó el tío, y se sentó al borde de la cama. No lo creo. Es una de tus recaídas, pero pasará como las anteriores.
Es posible dijo el abogado en voz baja, pero es peor que otras veces. Respiro con dificultad, no duermo y voy perdiendo fuerzas día a día.
Vaya dijo el tío, y presionó su sombrero de jipijapa contra la rodilla, son malas noticias. ¿Te están cuidando bien? Esto está tan triste, tan oscuro. Ha pasado ya mucho tiempo desde la última vez que estuve aquí, pero antes esto era más agradable. Tampoco tu pequeña señorita parece muy alegre, o tal vez disimula.