El Proceso

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La muchacha permanecía con la vela cerca de la puerta. Parecía fijarse más en K que en el tío, aun cuando éste se refirió a ella. K se apoyó en una silla que él mismo había desplazado hasta las proximidades de la joven.

Cuando se está tan enfermo como yo dijo el abogado, hay que tener tranquilidad, a mí no me parece triste.

Después de una pequeña pausa añadió:

Y Leni me cuida muy bien, es muy buena[26].

El tío, sin embargo, no se dejó convencer. Tenía un prejuicio contra la enfermera y aunque no replicó nada al enfermo, persiguió con mirada severa a la muchacha cuando ésta se acercó a la cama, dejó la vela en la me silla de noche, se inclinó sobre el enfermo y le susurró algo mientras le arreglaba la almohada. El tío prácticamente abandonó toda consideración hacia el enfermo, se levantó, estuvo paseando de un lado a otro detrás de la enfermera y a K no le hubiera asombrado que la hubiera cogido por la falda para apartarla de la cama. K, sin embargo, lo contemplaba todo con tranquilidad. Incluso la enfermedad del abogado era algo que no le venía mal, no había podido oponer nada a la actividad que el tío había desarrollado por su causa, pero el freno que experimentaba ahora ese celo, sin intervención alguna de K, lo tomó como algo positivo. Entonces el tío, tal vez sólo con la intención de ofender a la enfermera, dijo:


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