El Proceso
El Proceso ¡Abra! gritó el tío golpeando la puerta con el puño, somos amigos del señor abogado.
El señor abogado está enfermo susurró alguien a sus espaldas. En una puerta al otro lado del pasillo había un hombre en bata que era el que se había dirigido a ellos con voz tan baja. El tío, que ya estaba enfurecido por la espera, se dio la vuelta bruscamente y gritó:
¿Enfermo? y se fue hacia él con actitud amenazadora, como si el otro fuese la misma enfermedad.
Ya les han abierto dijo el hombre, señaló la puerta del abogado, se ajustó la bata y desapareció.
Era cierto, habían abierto la puerta, una muchacha K reconoció en seguida los ojos oscuros, un poco saltones permanecía con un delantal blanco en el vestíbulo y mantenía una vela en la mano.
La próxima vez abra antes dijo el tío en vez de saludar, mientras la muchacha hacía una ligera inclinación de cabeza.
Vamos, Josefdijo a K, que pasó lentamente al lado de la muchacha.
El señor abogado está enfermo dijo la joven, ya que el tío se dirigió directamente hacia una puerta sin detenerse. K aún contemplaba asombrado a la muchacha, cuando ella se volvió para impedir la entrada. Tenía un rostro redondo como el de una muñeca, pero no sólo las pálidas mejillas y la barbilla poseían una forma redondeada, sino también las sienes y la frente.