El Proceso
El Proceso ¿Por qué no va a creerse la señora Grubach que la he sorprendido? añadió K. Ante él veía su pelo rojizo, separado por una raya, holgado en las puntas y recogido en la parte superior[17]. Creyó que le iba a mirar, pero ella, sin cambiar de postura, dijo:
Discúlpeme, me he asustado tanto por los golpes repentinos, no por las consecuencias que podría traer consigo la presencia del capitán. Después de su grito estaba todo tan silencioso y de repente esos golpes, por eso estoy tan asustada. Yo estaba sentada al lado de la puerta, los golpes se produjeron casi a mi lado. Le agradezco sus proposiciones, pero no las acepto. Puedo asumir la responsabilidad por todo lo que ocurre en mi habitación y, además, frente a cualquiera. Me sorprende que no note la ofensa que suponen para mí sus sugerencias, por más que reconozca sus buenas intenciones. Pero ahora márchese, déjeme sola, ahora lo necesito mucho más que antes. Los pocos minutos que usted había pedido se han convertido en media hora o más.
K tomó su mano y luego su muñeca.
¿No se habrá enfadado conmigo? dijo él.
Ella retiró su mano y respondió:
No, no, soy incapaz de enfadarme.