La metamorfosis y otros relatos
La metamorfosis y otros relatos «Sí —pienso amargamente—, en estos casos los dioses nos ayudan, nos envían el caballo que necesitamos y, como hay prisa, añaden otro; por si fuera poco, nos envían un caballerizo…».
Sólo en ese momento me acuerdo de Rosa; ¿qué hacer, cómo salvarla de las garras de ese hombre, a quince kilómetros de distancia, con un par de caballos incontrolables? Esos caballos, que no sé cómo se han desatado de las riendas; tampoco sé cómo han podido abrir las ventanas desde afuera; asoman la cabeza, cada uno por una ventana, y sin preocuparse por las exclamaciones de la familia contemplan al enfermo.
«He de regresar inmediatamente», pienso, como si los caballos me invitaran al viaje; pero, sin embargo, permito que la hermana, que me cree agobiado por el calor, me quite el abrigo.