La metamorfosis y otros relatos
La metamorfosis y otros relatos —¡No! —dije, tal vez con demasiada vehemencia—; se defenderán; os matarán con sus armas de fuego.
—No comprendes —dijo él—; una incomprensión muy humana que, según veo, también se da en el Norte. No queremos matarlos. No habrÃa bastante agua en el Nilo para purificarnos. Nos basta verlos para salir corriendo hacia el aire puro, hacia el desierto, que por eso es nuestra morada.
Y todos los chacales del cÃrculo, a los que se habÃan sumado mientras tanto muchos más, venidos de lejos, metieron los hocicos entre las patas delanteras y se los frotaron como para limpiarse; parecÃan querer conjurar una repugnancia tan espantosa que sentà deseos de huir de allà saltando sobre sus cuerpos.
—Entonces, ¿qué pensáis hacer? —pregunté a la vez que intentaba ponerme de pie; pero no pude; dos jóvenes chacales me habÃan aferrado con los dientes la chaqueta y la camisa, por detrás; tuve que quedarme sentado.
—Te sostienen la cola —explicó tranquilamente el chacal viejo—; es un signo de respeto.
—¡Soltadme! —exclamé, volviéndome alternativamente hacia el viejo y hacia los jóvenes.