Antropologia Collins
Antropologia Collins Nuestro ánimo prefiere los tránsitos paulatinos, y no más bien el contraste. Al pronunciar un discurso hay que tener cuidado para evitarlo, pues cuando uno pone las cosas unas junto a otras de tal modo que no hay transición entre ellas, entonces la cosa, como se suele decir, canta. Y esto se ve con toda claridad en la elección de colores al vestir. Cuando los colores son casi iguales no combinan, por ejemplo: una chaqueta verde claro y un chaleco de un verde más oscuro, pues parece como si el chaleco también fuese verde claro. De modo que hay que elegir los colores de tal forma que no exista duda alguna de que son distintos. Pero además tienen que diferenciarse de tal forma que la transición entre la chaqueta y el chaleco sea ligera. Por ejemplo: una chaqueta azul y un chaleco rojo combinan bien, pues el rojo se mezcla con el azul de alrededor dando un color bien definido: el violeta. Pero si la chaqueta es roja y el chaleco azul, entonces la mezcla da un rojo sucio. En términos generales, la parte más pequeña ha de ser la más clara; han de serlo las solapas y los forros. Y es preferible aclarar que oscurecer. Hay colores fuertes, y lo tÃpico es que los jóvenes y los salvajes prefieran sobre todo los tonos rojos, por ser estos los más fuertes. A un hombre no demasiado decidido le hará daño contemplar el rojo y será perjudicial para su valor. A los jóvenes les luce vestir colores luminosos, mientras que a los hombres de edad avanzada, en cambio, les van mejor los colores dudosos, que en general agradan al gusto refinado. A los rubios les convienen los colores apagados o el negro, aquellos por la armonÃa y este por el contraste; a los castaños, en cambio, les conviene vestir colores fuertes.