Antropologia Collins
Antropologia Collins Trataré de situar la cuestión: en el texto de los años 70 encontramos que la teoría de las facultades se articula en torno al eje inferior-superior, de manera que tendríamos por una parte receptividad para acoger lo dado y una serie de facultades o potencias, por otra parte, para provocar espontáneamente representaciones en nosotros mismos, esto es, capacidades inferiores (receptivas) y facultades superiores (espontáneas) del ánimo. Hay, no obstante, un tercer término en la ecuación: «Tenemos capacidades, facultades y fuerzas. Llamo capacidad a la propiedad que tiene el ánimo de verse modificado por impresiones que le son extrañas. Puede darse el caso de que tengamos grandes facultades y, no obstante, contemos con escasas fuerzas. Por consiguiente, las fuerzas son la fuente del ejercicio, mientras que la facultad es la suficiencia para determinadas acciones. Sin embargo, no es tan fácil comprender qué hay que añadirle a las facultades para que se conviertan en fuerzas activas» (§ 2). De manera que para que la facultad dé algún rendimiento necesita un cierto impulso: la aplicación de una fuerza que la saque de su pasividad o de su inercia y la dinamice. Constatamos la misma estructura terciaria en los bosquejos de los años 70: «Capacidad, facultad y fuerza. Capacidad es la posibilidad de acoger; facultad: de hacer; fuerza: de tener influjo sobre sí mismo y sobre todas las fuentes de la actividad» (Akademie Ausgabe, vol. XV, p. 667). Trasladándonos a la terminología de 1798 diríamos que hace falta algo más que la sola suficiencia en un determinado uso de nuestras facultades para conseguir que esos dispositivos entren en el juego del mundo. En el fondo, y aunque la terminología pueda variar, el planteamiento de la antropología pragmática en este punto es bastante coherente o continuista con las redacciones anteriores: la antropología es pragmática porque no aspira a conocer «lo que la naturaleza hace del hombre», sino «lo que él mismo, como ser que obra libremente, hace, o puede y debe hacer, de sí mismo» (según reza el segundo párrafo del Prólogo de la Antropología en sentido pragmático).