Antropologia Collins

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Otro ejemplo es Robert Hill, un sastre inglés de hace pocos años. En la escuela aprendió algo de hebreo y de griego, y prosiguió con ello mientras ejercía su oficio. En una ocasión, trabajando al servicio de un pastor paisano suyo, entabló conversación con este sobre una versión del libro de Job que acababa de publicarse y que se había traducido equivocadamente en algunos puntos. Tenía consigo un librito en árabe, que tradujo para el pastor con mucha habilidad y corrección. El pastor quedó sorprendido, y la noticia de este sastre se extendió pronto por toda Inglaterra. Al poco se dirigió a Londres, donde le preguntó por textos orientales al librero Kapon, quien le mostró a modo de burla un manuscrito enteramente en árabe; al sastre en cambio no le hizo ninguna gracia, por lo que se limitó a pagarle lo que pedía y se llevó consigo el manuscrito. Un día antes ya lo había querido comprar un crítico, pero le pareció excesivamente caro y pensó que no habría nadie más interesado, de modo que lo dejó para otra ocasión, con el propósito de adquirirlo más barato. Volvió justo al día siguiente, pero para su gran consternación ya no encontró el manuscrito. Le rogó al librero que hiciese lo posible por volver a proporcionárselo. «¡Date prisa!» —le gritó, como si gritase al propio sastre—, «antes de que lo corte para hacer patrones». El sastre acudió casi corriendo, con su libro debajo del brazo. El crítico le preguntó qué es lo que pensaba hacer con él, y no fue pequeña su sorpresa cuando escuchó al sastre leer y traducir con tanta destreza, no estando él mismo en condiciones de hacerlo. Hasta el afamado doctor Bentley tuvo que brindar a su salud. Llegó a ser bibliotecario en Cambridge, pero esto no le permitió vivir mejor que con su profesión de sastre.


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