Antropologia Collins
Antropologia Collins «Hombre» y «grande» forman una curiosa contradicción. La seriedad no es una propiedad legítima del ser humano; en ella no se encuentra en su verdadera naturaleza ni en su elemento, sino que lo está cuando bromea y se divierte. No parece que le sean apropiados la seriedad y la gravedad. Una cabeza ingeniosa anima a toda la concurrencia, y es bien recibida por todos. Por otra parte, cuanto mejor conocen los hombres el mundo tanto más bromean. En sus primeros años, los jóvenes son serios, pero con la edad aumentan las ganas de reír, de modo que las personas de cierta edad prefieren pasarse el día bromeando y riendo. En su juventud, los hombres no se dan cuenta aún de lo ilusorios que son los méritos —y ni siquiera sería bueno que supiesen tales cosas, pues de lo contrario no habría estímulos suficientes para que cultivasen sus fuerzas—, motivo por el cual todo les parece serio e importante; en cambio, con el paso de los años lo vemos todo con una sonrisa y se nos presentan las cosas en su auténtico y peculiar aspecto; y así, al considerar el entero universo del género humano, la seriedad aparece como algo forzado y como hipocresía. Bromear, coquetear y reír es algo natural en nosotros, nuestra auténtica inclinación y nuestra vida.