Antropologia Collins
Antropologia Collins El deber del moralista no es actuar contra la naturaleza humana, sino acomodarse a las inclinaciones de los hombres y presentarles la virtud como algo digno de amor. Su verdadero afán no debe consistir en pintar la virtud como si fuese un deber difícil de cumplir, sino que tienen que tratar de engendrar un prurito en la práctica de las virtudes, y ello no porque haya un juez, sino porque hacen agradable la vida y son algo en sí mismo perfecto (de hecho, para aquellos a los que no ha echado a perder la estupidez, tampoco es difícil). Este es el modo en que hay que presentar la entera moral. Parece ser que Epicuro la enseñó así, si bien se equivocó en la determinación del verdadero valor de la virtud.
No hay que corear los vicios con execraciones e improperios, sino tratar de ridiculizarlos. Pues al presentarlos como infames serían aborrecibles, mientras que si se los presenta como un disparate resultarán ridículos. Y la mayoría de los hombres no incurren en ellos porque sean malvados, sino para hacer su vida agradable, de manera que ninguno robaría a otros si no se formase la representación de alcanzar fácilmente por ese medio una vida placentera. A los hombres nos mueve más el desprecio que el aborrecimiento o el odio, pues el desprecio nos resulta absolutamente insoportable.