Antropologia Collins

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Nos fijamos en los números de las cosas: son representación simbólica de la magnitud, y deben ser intuidos; se ha de tomar una cosa con la que combinamos el número. Por ejemplo: si queremos que un groenlandés se forme un concepto de la cantidad de gente que hay en Dinamarca, podemos repetirle una y otra vez que son cien mil, que no podrá formarse el concepto de una magnitud ni le causará admiración. Pero si le decimos, valga por caso, que en Dinamarca hay tanta gente que solo para desayunar podrían comerse más de una ballena, sin duda quedará horrorizado. Nosotros mismos tampoco podemos intuir con demasiada claridad ningún número cuando escuchamos, por ejemplo, que en una batalla pereció gran cantidad de hombres; ciertamente nos admira, pero nos asombraría si lo viésemos con nuestros propios ojos. En su descripción de Egipto, Hasselquist no quiere decir una sola palabra sobre las pirámides; muchos ya las han descrito, y añade que ha leído todas las descripciones y que no ha encontrado nada nuevo que no hubiesen dicho ya otros; pero cuando las vio con sus propios ojos fue como si nunca hubiese tenido noticia de ellas, tal fue el asombro que le causó su presencia. Y de igual modo hay muchas cosas cuya intuición causa más impresión que cualquier descripción. Las grandes montañas, una costa de escarpados acantilados de los que cuelgan peñascos que amenazan con precipitarse, grandes torrentes, cataratas, la inmensidad del océano nos causan una impresión mucho más viva al verlos que por medio de narraciones. Keill, un matemático inglés, describe la sorprendente divisibilidad del assa foedita, cuántas habitaciones podrían llenarse con un único grano, y cita una cifra sorprendentemente alta. Pero, con objeto de hacer más comprensible su gran divisibilidad, supone que el pico de la isla de Tenerife tiene una altura de una milla alemana, y otras cinco millas en su perímetro, y sostiene que si dicha montaña fuese reducida a arena fina y átomos se necesitarían no menos de veintiuna montañas como esa para tener tantas partes como las que resultan de un único grano de assa foetida. Es un ejemplo vivo y sorprendente.


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