Antropologia Collins
Antropologia Collins Lo cotidiano no tiene nada de estimulante; además, lo aburrido nos repugna, al ser una ocupación que no sirve para nada. Cuando uno no consigue hacer nada tampoco puede soportarlo. Por ejemplo: si estoy en casa de un buen amigo, tomo asiento con toda tranquilidad y, aunque no cambie con él una palabra, sin embargo me doy por satisfecho con solo verlo. En cambio, si alguien trata de divertirme con banalidades ingeniosas, su compañía se me hace insoportable. El hombre ha de tener una meta en todas sus ocupaciones, y así, por poner un ejemplo, ninguno hará sonar una campana sin badajo ni montará en un caballo de palo, pues son ocupaciones que no terminan en nada. Esto es tan cierto que cuando alguien quiere dar un largo paseo se marcha lejos. Perfectamente podría recorrer repetidas veces un camino corto, pero como esto no conduce a nada, mejor se propone un lugar al que quiere ir. Se habrá observado en los marineros que, como están acostumbrados a ir y venir por el barco y a mirarlo todo, cuando llegan a puerto vienen y van también recorriendo una distancia semejante a la del barco, y si compran una finca no hacen sino pasearse por ella de un lado para otro. El paseo nos resulta más agradable, como digo, si nos hemos fijado un lugar al que ir que si simplemente vamos a la buena ventura según se nos antoje.