Antropologia Collins
Antropologia Collins Lo que deba ser conforme al gusto tiene que gustar universalmente; es decir, que el juicio de gusto no debe gustar según la constitución privada de mi sujeto, en función de la cual un objeto me afecta con placer, sino según reglas universales del gusto. Incluso la cocina ha de tener reglas universales; y las personas con muy buen gusto saben adivinar bien qué gusta a todo el mundo o, cuando menos, a la mayor parte. Aquí hay otra diferencia: por lo que hace al gusto real tengo que dictar el juicio sobre lo que gusta universalmente a partir de la experiencia, mientras que en lo tocante al gusto ideal puedo dictarlo a priori. El gusto es el principio gracias al cual los hombres podemos gozar en sociedad de un placer universal. Un hombre que se halle en el desierto no se cuida de él. Al contrario, se ama y se busca todo lo que es bello solo para la sociedad. Y es muy probable que entonces el hombre eligiese mujer atendiendo a la salud y la fortaleza, sin reparar en su belleza. El hecho de que la elija por su belleza responde al amor por la sociedad, pues se obtiene un placer muy particular por poseer lo que gusta a otros. En comparación con el placer, la complacencia puede ser pequeña, pero su universalidad la realza, y apreciamos en mucho a un hombre de gusto, porque su elección tiene validez para muchos. Un jardín nos gusta cuando estamos en sociedad; en cambio, si estamos solos nos gusta más el bosque. Y toda la belleza de la naturaleza quedaría oculta para el hombre que estuviese aislado, pues no reflexionaría sobre ella. Por eso los hombres insociables carecen de gusto. Quizás alguno quisiese objetar: «¿Decis que hay que buscar siempre qué es lo que gusta universalmente? Pero el gusto no tiene reglas fijas». Si que las tiene, pues se basa en la humanidad, mas solo por la experiencia se las puede descubrir.