Antropologia Collins

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Hay que distinguir el refinamiento del gusto de su afeminación. Para juzgar se requiere la sensación, pero hacernos sensibles a los placeres es una debilidad. El que posee un gusto refinado siente pronto el ultraje cuando le hieren, pero puede soportarlo con grandeza de ánimo y emplea su conocimiento para guardarse de injuriar a otros; por el contrario, los afeminados son sensibles y admiten muy mal incluso las más mínimas injurias. En el hombre se lo considera una debilidad; en las mujeres, en cambio, toleramos la sensibilidad en razón de su sexo, tenemos en mucho su ternura y una mujer desvergonzada nos resulta tan desagradable como un hombre afeminado. El hombre ha de ser sensible y afectuoso, pero no melindroso y afeminado. Que sea sensible significa que, aun sintiendo las más mínimas injurias, sin embargo las soporte estoicamente y se guarde con mucho cuidado de no causarles a otros el mismo oprobio. El esposo afectuoso y amante, por ejemplo, es cuidadoso y delicado en la elección de las palabras, y se aparta con extremo cuidado de cuanto pueda resultar injurioso. Para ello se requiere un gusto refinado, esto es: quod emollit mores, etc. Las ciencias acostumbran a los hombres sencillamente a reflexionar y de este modo también pueden refinar el gusto.




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