Antropologia Collins
Antropologia Collins Cabe el caso de que algo sea sublime en nuestra consideración y que lo sea hasta tal punto que nos haga estremecernos, como sucede por ejemplo con el océano o con el sistema del cosmos en el que giran tantÃsimos millares de soles y mundos. Lo sublime no depende de la proporción; lo son asà las ásperas rocas que penden sobre nosotros, en las que no hay ninguna simetrÃa, sino solo grandeza. Y tampoco depende del agrado que produzca, sino de la magnitud del afecto. Bien puede suceder que algo produzca complacencia sin que se encuentre sometido a reglas universales; pero entonces no tiene por qué gustar según leyes universalmente válidas. AsÃ, todos los juicios sobre lo sublime son subjetivos.
Un inglés dijo: «Una larga lÃnea, una vasta extensión, por ejemplo el océano, es sublime; todavÃa más una gran altura, una roca; pero lo más sublime de todo es un profundo abismo». Las profundidades nos provocan terror, al igual que nos espanta cualquier roca que se suspenda sobre un mar embravecido. En el caso de las rocas no depende de la escala, sino del último efecto que me hayan causado. Finalmente, para un marino la mar no tiene nada de sublime. Sin duda, uno puede habituarse a lo bello, pero nunca nos resultará indiferente; aunque no nos interese, siempre seguiremos diciendo de una cosa que es bella.