Antropologia Collins
Antropologia Collins A menudo nos encontramos en un estado en el que no deseamos nada, en el que somos flemáticos e indiferentes a todo. Existen caracteres de tal índole que se pasan el día mirando por la ventana y que viven sin ser conscientes de la vida. Existen en cambio caracteres contrarios (admirablemente ricos), a los que atormentan los anhelos; son inquietos y rebosan disgusto, sin que sepan qué es lo que desean, viven absortos en quimeras. En el caso de las mujeres, al estado de mal humor se lo denomina vapeurs; algunas ya se han habituado a la monotonía, otras al cambio y otras a los deleites. Es enfermizo que uno anhele algo sin que se le ocurra qué es lo que le agrada. Y los suicidios más desesperados son efecto de este estado de anhelo debido a los malos humores; los hombres se quitan la vida porque su capacidad para gozar se ha gastado, a despecho de cualesquiera facultades que tengan para procurarse un placer. Nada salvo los negocios, emprendidos por obligación, mitiga esta enfermedad. La lectura, por ejemplo, no colma ni de lejos este espacio, a no ser que tenga un propósito. El que se autoimpone trabajos en realidad no trabaja, hace como los que se autoflagelan, que se mortifican a sí mismos pero fustigándose sin demasiada vehemencia, deteniéndose a tiempo cuando notan que basta. No es más que una occupatio in otio, mas no trabajo propiamente dicho. Hemos de vemos obligados, pues ningún esfuerzo nos satisface si no es fatigoso. Para los comerciantes, por ejemplo, no hay día más grato que aquel en que despachan, y a quien emplea bien la mañana, la tarde le será agradable. En resumidas cuentas, el hombre podrá estudiar cuanto quiera, mas sin un trabajo que le apremie no puede distraerse. Y nadie desea el ocio y la tranquilidad si antes no se ha ocupado con un trabajo apremiante; de lo contrario caemos en un estado en el que nos consumen las quimeras y los anhelos.