Antropologia Collins
Antropologia Collins La inclinación es un habitus del apetito. El deseo por algo es una necesidad, es decir, que si nos falta hace que nos sintamos insatisfechos. Pero el hombre puede gobernarse a sí mismo y elegir por motivos racionales en lugar de hacerlo por sus inclinaciones. Cabe decir incluso que el deseo es receptividad hacia el dolor. Una mujer no sería feliz con un hombre que la desposase por deber y la amase, como se dice, sin afecto; la mujer exige una inclinación ciega, pues el que ama por la razón se apercibe con extrema facilidad de los defectos e imperfecciones, y el hombre perspicaz es más difícil de gobernar que el que está cegado por la inclinación.
La inclinación no se dirige a lo bueno —esto lo conozco por el entendimiento—, sino más bien a lo malo. Sorprende mucho, pues, que los moralistas admitan también una inclinación por lo bueno. En el bien tenemos que suponer por el contrario buenos principios racionales. Ciertamente somos seres racionales, mas ahogamos con mucha frecuencia todos los motivos por atender a la inclinación, que, despojada por entero del conocimiento, es ciega: appatitus brutalis. Los hombres tenemos la facultad de actuar en contra de nuestras inclinaciones, incluso de juzgar y reflexionar sobre ellas, así como de desear mejores inclinaciones, las cuales no constituyen el fundamento de la facultad humana de desear, sino simplemente de su parte animal.