Antropologia Collins
Antropologia Collins El afecto se diferencia además del denominado afán: un deseo persistente que depende de los objetos, pero sin que sea impetuoso, y que hace que el hombre se comporte como un poseso que quisiera ganarse el elogio hasta de los locos. En los afectos experimentamos una gran excitabilidad, que consiste justamente en el surgimiento precipitado de los deseos y que se diferencia mucho de la sensibilidad que solo sirve para juzgar. Puede que uno albergue una sensibilidad mórbida, o que tenga un delicado sentido del honor, es decir, que se sienta ofendido por la más mínima circunstancia. La ternura de sentimientos está permitida, pero la sensibilidad no debe ser delicada, o bien no debe transformarse en deseo. Un hombre no ha de afeminarse o adoptar el modo de ser de las mujeres. Por lo común, estas miran por sus prerrogativas y son muy delicadas en consideración del honor y el rango. En general, respecto de una cuestión que todavía está en discusión, se puede señalar que uno se aferra y se obstina tanto más en una determinada prerrogativa cuanto más dudosa es. Las mujeres, por ejemplo, no tienen ninguna propiamente dicha, ni por su sabiduría, ni según las máximas del Estado…, legítimamente no cuentan con ningún mérito por el que se las deba tener en alta estima, y precisamente por eso son tan celosas en lo que se refiere a su honor.