Antropologia Collins
Antropologia Collins Es admirable el deseo que tenemos los hombres de conocer a alguien cuya descripción hemos escuchado. En general queremos contemplar como quien dice en sus ojos lo extraordinario, y conocer además por anticipado, saber ya, qué harán. La experiencia nos enseña que para conocer a un extraño debemos mirarle fijamente a los ojos y contemplarlo de arriba a abajo. Por este motivo, además, en un juicio estamos deseosos de escuchar hablar al delincuente. En resumidas cuentas, se puede decir que si un hombre es importante queremos conocerlo de antemano y, nos fiamos mucho menos de sus modales artificiosos que de los rasgos de su rostro. No escuchamos tanto sus palabras, sino que le miramos a la cara. Esto se explica porque ya la naturaleza nos lleva a prestarle atención a la figura de los hombres; se trata de un instinto enteramente natural, solo que resulta muy incierto que encontremos los medios y la habilidad para enjuiciar a los hombres por su fisionomía. Si existiesen reglas universales se podría bosquejar este arte, y entonces definiríamos por medio de él a todos los hombres, odiando a alguien que no lo merece por sus acciones. Sin embargo, esto no se compadece con lo que ha dispuesto la naturaleza, que quiere alimentar la confianza entre todos los hombres.