Antropologia Collins
Antropologia Collins Además, tenemos también una fuerza para disponer tanto de nuestras facultades inferiores como de las superiores: el acto de ponerlo todo en movimiento. Lo llamo libre arbitrio. El estado pasivo nos resulta a menudo agradable; sin embargo, estimamos como la mayor de las fortunas la facultad libre de entregarnos discrecionalmente tanto al estado pasivo como al activo, y ninguna otra fortuna en el mundo puede remplazar la merma que supone que perdamos el disponer discrecionalmente por libertad de nuestro estado. Bien es verdad que el hombre se entrega a la pasividad; sin embargo, sabe y quiere tener siempre libre arbitrio para entregarse a voluntad a su estado, aunque siga siendo el pasivo. Aun teniendo en la cabeza los pensamientos que más nos atormenten, nos damos por contentos, de hecho, si dimanan de la voluntad. En cambio, si las representaciones están ahí involuntariamente, entonces sería como si nos martirizasen las Furias. La mayor fortuna del mundo consiste, pues, en el poder del libre arbitrio de ejercitar y detener en nosotros a voluntad todos los demás actos de nuestras facultades. Pues, pongamos por caso que me golpea el mayor de los males, con tal de que me encuentre en condiciones de abstraerme de mis representaciones y tenga el poder, como quien dice, de proscribirlas a voluntad y de convocar otras en su lugar, estaré a resguardo de todas ellas y seré inexpugnable. El dominio supremo del alma, al que ningún hombre puede renunciar, es el dominio del libre arbitrio.