Antropologia Collins
Antropologia Collins Ni el más miserable de los hombres habría de querer que otro le hiciese feliz según su propia opinión. Todos nos arrepentimos cuando nos hemos dejado arrastrar por una opinión o por una inclinación, por ejemplo la ira. Por eso a ninguno le gusta tener pasiones, pues en el paroxismo de las pasiones creemos que actuamos de forma totalmente voluntaria, comprobando después con aflicción que hemos actuado contra nuestra voluntad, cegados y dominados por la vehemencia de las inclinaciones. Ahora bien, cualquier hombre preferiría ser un juguete en manos de sus pasiones antes que un esclavo sometido al arbitrio de otro. Pero en realidad vemos que es mucho peor estar sometido a una pasión que la sumisión a la voluntad de otro. La auténtica majestad del hombre es la libertad.