Antropologia Collins
Antropologia Collins Sería tan inútil predicarle reglas morales a un hombre arrastrado por las pasiones como dictarle a un galeote reglas para ser feliz. Resulta curioso que los hombres sientan redoblados sus pesares cuando todavía está en el aire aquello que esperan. En cambio, si se produce una desgracia, por grande que sea, el pesar nunca pasa de ahí. Ante dos razones contrapuestas para la esperanza y la desesperación, por ejemplo debido a la convalecencia de un amigo, no se nos puede señalar un término medio que nos tranquilice; ora nos embarga la esperanza, ora se apodera de nosotros la desesperación, y estar vacilantes es el peor de los estados, incluso peor que cuando se presenta el mayor de los infortunios, pues si este se produce, entonces empezamos al punto a hacer preparativos. Por eso Rousseau tenía toda la razón cuando decía que los médicos vuelven medrosos a los hombres.
Ahora bien, ¿acaso no es posible prepararse de antemano para la desgracia?, ¿no se puede moderar el deseo? No hacemos preparativos hasta que la desgracia, si no cierta, al menos nos es notoriamente cercana. En este punto los estoicos han hablado teóricamente bien, pero no han mostrado de qué modo podrían llevarse a efecto sus reglas.