Correspondencia
Correspondencia No quiero desmentir completamente de mí lo que usted reprocha al recensor de Göttingen, a saber, que se haya enojado ante las dificultades que ha tenido que superar. Confieso que me he indignado a veces; porque creía que debía ser posible que verdades que deben promover reformas importantes en filosofía puedan hacerse comprensibles a quienes no están del todo deshabituados a reflexionar. He admirado la magnitud de la potencia que ha sido capaz de penetrar una serie tan larga de abstracciones extremas sin fatigarse, sin alterarse, sin desviarse de su camino. He hallado también en muchos apartados de su libro, instrucción y alimento para mi espíritu. Por ejemplo, justo allí dónde usted dice que hay ciertas proposiciones contradictorias, que pueden demostrarse de manera igualmente correcta. Pero mi opinión ahora es ésta todavía, tal vez equivocada: que el conjunto de su sistema, si es que ha de ser verdaderamente útil, tendría que expresarse de un modo más popular; y si contiene verdad, lo podrá también hacer; y que el nuevo lenguaje que predomina férreamente en el sistema denota una gran agudeza en la conexión que se ha establecido entre las expresiones de ese lenguaje; pero con frecuencia la reforma emprendida en la propia ciencia [que está en cuestión], o la divergencia respecto de las opiniones de otros, tiene la apariencia de ser mayor de lo que realmente es.