Correspondencia
Correspondencia Su carta afectuosa, surgida de un corazón que parece hecho para la virtud y la honestidad, pues tan receptivo se muestra a la doctrina sobre las mismas, sin resabios de autohalago, me arrastra a donde usted me exige, a saber, a ponerme en su lugar, y de este modo a meditar sobre el medio que le permita lograr una pacificación puramente moral y, por ello, fundamental. Su relación con el objeto querido no la conozco, aunque su manera de pensar debe de ser tan auténtica y respetuosa hacia la virtud y el espíritu de la misma [como la suya], ya se trate de una relación matrimonial, o meramente amistosa. Por su carta, he supuesto como más verosímil esto último. Pero de cara a su inquietud la diferencia no es relevante. Pues el amor, ya sea hacia un marido o hacia un amigo, supone el mismo recíproco respeto en los dos casos, sin el cual sólo es un engaño sensible muy cambiante.