Correspondencia
Correspondencia Para mi consuelo pienso con frecuencia que, ya que el ejercicio de la moralidad está tan fuertemente unido a la sensibilidad, la moralidad sólo concierne a este mundo; según eso me cabría la esperanza de no tener que llevar todavía después de esta vida un vegetar tan vacío con tan pocas y ligeras tareas de moralidad. La experiencia me quiere corregir este mal humor contra mi existencia diciéndome que casi todo el mundo considera que es muy pronto para concluir la vida, que a todos les gusta vivir; por eso para no ser una excepción tan rara en esa regla quiero dar otra nueva razón de mi desvío de la misma, a saber, mi salud constantemente rota; desde que le escribí por primera vez la tengo perdida; de vez en cuando mi ánimo da paso a un torrente de pensamientos que la razón sola no puede producir, y que no son míos. Lo que me podría hacer gozar todavía no me interesa ya, pues todas las ciencias de la naturaleza y los conocimientos del mundo no los estudio, porque no siento en mí ningún talento para ampliarlos. Todo me es indiferente y ante mí no tengo necesidad alguna de saber nada que no se refiera a mi imperativo categórico y a mi conciencia transcendental. Aunque también hace tiempo que he terminado con estos pensamientos.