Crítica de la Razón Práctica

Crítica de la Razón Práctica

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David Hume, de quien cabe decir que inició estrictamente las impugnaciones a los derechos de una razón pura e hizo necesaria una completa revisión de tales derechos, argumentaba lo siguiente: el concepto de \ causa entraña la necesidad de la concatenación<Ak. V, 51> existencial entre lo diverso justamente por ser diferente, de suerte que si suponemos «A», yo reconozca que algo completamente distinto, cual es «B», también ha de existir necesariamente. Sin embargo, únicamente cabe atribuir necesidad a una concatenación en la medida en que ésta sea conocida a priori, pues la experiencia sólo nos reporta de una concatenación el conocimiento de que se da, mas no que se da de un modo necesario. Ahora bien —dice Hume—, es imposible reconocer a priori y como necesaria la concate [A 89]nación entre una cosa y alguna otra I (o entre una determinación y otra totalmente diferente a ella), si no son dadas en la percepción. Por lo tanto, el propio concepto de una causa es mendaz y embaucador, suponiendo por decirlo suavemente un fraude sólo excusable porque la costumbre (una necesidad subjetiva, de percibir ciertas cosas o sus determinaciones frecuentemente juntas, o existiendo de manera sucesiva, es tomada inadvertidamente por una necesidad objetiva, que pone esta conexión en los objetos mismos, con lo cual el concepto de una causa es adquirido subrepticiamente y no de una manera legítima, e incluso nunca puede verse refrendado, habida cuenta de que exige una conexión insostenible por razón alguna, una ligazón quimérica y nula de suyo a la que jamás puede corresponderle objeto alguno.


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